Yo Garcilaso de la Vega nací en Toledo en 1498. Soy un poeta y miliar español del Siglo de oro, considerado uno de los escritores en español más grandes de la historia.
Soy el tercer hijo de Garcilaso de la Vega (fallecido el 5 de septiembre de 1512), señor de Arcos y comendador mayor de León en la Orden de Santiago, y de Sacha de Guzmán, señora de Batres y de Cuerva. Mis abuelos paternos fueron Pedro Suárez de Figueroa, hijo de Gómez I Suárez de Figueroa y Elvira Lasso de Mendoza, hermana del primer Marqués de Santillana, y Blanca de Sotomayor (hija de Fernando de Sotomayor y Mencía Vázquez de Goes, a través de quien hereda el señorío de Arcos).Mi madre, Sancha de Guzmán, fue hija de Pedro de Guzmán, señor de Batres (hijo del cronísta Fernán Pérez de Guzmán) y de María de Rivera. Quedé huérfano de padre y me eduqué esmeradamente en la Corte, donde conocí en 1519 a mi gran amigo, el caballero Juan Boscán. Seguramente a este debo mi gran aprecio por la lírica del valenciano Ausiás March. Garcilaso entré a servir en 1520 a Carlos I de España en calidad de miembro continuo de la guardia regia. Aprendí , italiano, griego, francés, música y esgrima. En los años siguientes, luché en la Guerra de las Comunidades de Castilla y fui herido en la acción de Olías al Rey ; también participé en el cerco a su ciudad natal 1522; a finales de ese mismo año me embarqué en compañía de Juan Boscán y Pedro Álvarez, futuro virrey de Nápoles en una expedición de socorro que quiso (y no pude) evitar la caída de Rodas en poder de los turcos; de nuevo resulté herido, esta vez de gravedad.
De vuelta a España fui nombrado caballero de la Orden de Santiago y en 1524 se enfrentó a los franceses en el cerco de Fuenterrabía. A su retorno a Toledo, contraje matrimonio en 1525 con Elena de Zúñiga, dama de doña Leonor, hermana de Carlos I ; por ello entré a formar parte del séquito de ésta. También tuvé un hijo antes de mi matrimonio con una dama comunera toledana, Guiomar Carrillo, que reconoció de forma póstuma, Lorenzo Suárez de Figueroa, nacido hacia 1521.
REALIZADO POR:
-ANA DÍAZ VÁZQUEZ 4ºB
La asignatura engloba un taller de creación de textos literarios (narrativos, líricos, dramáticos...), así como de textos periodísticos de opinión. Para ello, nuestro punto de partida será la observación, la búsqueda de información (libros, Internet, prensa, televisión...), la intertextualidad, la reflexión individual, la creatividad y el debate.
martes, 20 de diciembre de 2011
Don Juan Manuel De Villena .
Autobiografía.
Yo Don Juan Manuel nació en el Castillo de Escalona, situado en la provincia de Toledo. Mi última carta, fechada en Castillo de Garcimuñoz el 12 de octubre de 1348, demuestra que hube fallecido con posterioridad al 5 de mayo que en la mayoría de los libros viene como la fecha oficial de mi defunción. Mi nombre completo era Juan Manuel de Villena y Borgoña-Saboya y fui el creador de la Casa de Manuel de Villena, cuyos descendientes acabarían siendo propietarios de varios títulos de nobleza, como el condado de Vía Manuel, el marquesado de Rafal o el ducado de Arévalo del Rey, entre otros.
Por ser hijo del Infante yo don Manuel de Castilla y de Beatriz de Saboya, que era sobrino del rey Alfonso X el Sabio y nieto de Fernando III el Santo. Herede de su padre el gran Señorío de Villena, junto a los señoríos de Escalona y de Peñafiel. Posteriormente, en 1330, recibí el título vitalicio de Príncipe de Villena merced del Rey de Aragón Alfonso IV. El título pasó a ser de carácter vitalicio y que daría paso a un ducado tras mi muerte
Pero tras fundar la Casa de Manuel de Villena, cambie mis apellidos pasando a llamarse Juan Manuel de Villena y Borgoña-Saboya; fui educado como un noble, en artes tales como la equitación, la caza o la esgrima, pero mis ayos se preocuparon de que aprendiese además latín, historia, derecho y teología; de esta completísima educación hay recuerdos en el capítulo LXVII de mi Libro de los estados. Aunque en algunas ocasiones me proclamaba lego en mis obras, tal declaración era convencional y obedecía a los topos humilitatis o tópico de la humildad, para compartir la ignorancia de mi público por cortesía pedagógica; en realidad era un sabio de conocimientos enciclopédicos, que dominaba el latín y el italiano, aunque no el griego. Mi religiosidad era de sesgo tomista, vinculada a la orden de Santo Domingo. Literariamente, mi formación incluyó la lectura de diversos poemas del mester de clerecía , los tratados de Raimundo Lulio, la obra de Alfonso X, varios libros doctrinales como la Disciplina clericalis de Pedro Alfonso, y colecciones de sentencias, proverbios y dichos de sabios traducidos de lenguas orientales o del latín al castellano . A los 8 años perdí a mis padres y pude disponer del amplio patrimonio de mi familia; a los 12 años participe en la guerra para repeler el ataque de los moros de Granada a Murcia. En la lucha dinástica mi citada en Castilla a raíz de la muerte de don Fernando de la Cerda, primogénito de Alfonso X el Sabio, me puso siempre del lado de Sancho IV, como también lo había estado mi padre, y el rey correspondió a esta lealtad otorgándole mi protección.
Me case tres veces, eligiendo a mis esposas por conveniencia política y económica y, cuando tuve hijos, me esforcé por emparejarlos con personas pertenecientes a la realeza. La primera de mis esposas fue la infanta de Mallorca doña Isabel, con la que ,me case en 1299; sin embargo falleció dos años más tarde. Al morir Sancho IV, incumplí mi promesa de proteger a la reina regente María de Molina en la minoría de edad del futuro Fernando IV el Emplazado: los agobió con todo tipo de exigencias y me mostré poco fiel, buscando la alianza de Jaime II de Aragón, para lo cual le pidió en 1303 la mano de su hija Constanza, que aún era niña; me case con ella en 1311, cuando ella tenía 12 años. Durante la minoría de edad de Alfonso XI fui corregente del reino hasta que el propio monarca me obligó a dejar el cargo; también en mi reinado dio muestras de su carácter inquieto y levantisco y, viudo, me volví a casar, en terceras nupcias, con doña Blanca Núñez de Lara, volviéndome a enfrentar con el rey Alfonso XI, a quien no quise aportar mis tropas para cercar Gibraltar; tras una nueva reconciliación, volví a encontrar un motivo de queja laboriosamente inventado y acusó al rey de no permitir que su hija Constanza se casara con don Pedro de Portugal, futuro rey con el nombre de Pedro I; recobró la gracia real a tiempo para participar en la importante Batalla del Salado contra los benimerines y en la ulterior conquista de Algeciras.
Obras que se conservan :
De don Juan Manuel se han conservado ocho obras, sabiéndose además que se han perdido cinco. Las obras conservadas son las siguientes:
Crónica abreviada (anterior a 1325).
Libro de la caca (entre 1325 y 1326).
Libro del caballero et del escudero (entre 1326 y 1328).
Libro de los estados (1330).
Libro del conde Lucanor (1335).
Tratado de la Asunción de la Virgen María (posterior a 1335).
Libro de las armas (posterior a 1337).
Libro de castigos et de consejos (Libro infinito o Libro enfaenado; entre 1336 y 1337).
Sepultura :
Después de su defunción en la ciudad de Córdoba, el cadáver de Don Juan Manuel fue trasladado a la Villa de Peñafiel, donde recibió sepultura en el convento de San Pablo, que el propio escritor había fundado en 1318.
Urna de piedra donde reposan los restos de Don Juan Manuel. Convento de San Pablo de Peñafiel.
No obstante, durante la Guerra de la Independencia el convento de San Pablo de Peñafiel fue profanado y saqueado por las tropas francesas, y la tumba que contenía los restos de Don Juan Manuel también fue profanada.
No obstante, en 1955 fue hallada una caja de madera en el lado de la Epístola de la iglesia del convento de San Pablo en la que aparecieron unos restos humanos, que fueron identificados por diversos historiadores como los restos de Don Juan Manuel, pues al limpiar el muro de piedra apareció, oculta bajo una espesa capa de yeso la siguiente inscripción:4
Aquí yace el ilustre señor don Juan Manuel, hijo del muy ilustre señor infante don Manuel y de la muy esclarecida señora doña Beatriz de Saboya, duque de Peñafiel, marqués de Villena, abuelo del muy poderoso rey y señor de Castilla y León don Juan I, de éste nombre. Finó en la ciudad de Córdoba el año del nacimiento de Nuestro Salvador de 1362.
Realizado por : Daniel Carrasco Fuentes.
Yo Don Juan Manuel nació en el Castillo de Escalona, situado en la provincia de Toledo. Mi última carta, fechada en Castillo de Garcimuñoz el 12 de octubre de 1348, demuestra que hube fallecido con posterioridad al 5 de mayo que en la mayoría de los libros viene como la fecha oficial de mi defunción. Mi nombre completo era Juan Manuel de Villena y Borgoña-Saboya y fui el creador de la Casa de Manuel de Villena, cuyos descendientes acabarían siendo propietarios de varios títulos de nobleza, como el condado de Vía Manuel, el marquesado de Rafal o el ducado de Arévalo del Rey, entre otros.
Por ser hijo del Infante yo don Manuel de Castilla y de Beatriz de Saboya, que era sobrino del rey Alfonso X el Sabio y nieto de Fernando III el Santo. Herede de su padre el gran Señorío de Villena, junto a los señoríos de Escalona y de Peñafiel. Posteriormente, en 1330, recibí el título vitalicio de Príncipe de Villena merced del Rey de Aragón Alfonso IV. El título pasó a ser de carácter vitalicio y que daría paso a un ducado tras mi muerte
Pero tras fundar la Casa de Manuel de Villena, cambie mis apellidos pasando a llamarse Juan Manuel de Villena y Borgoña-Saboya; fui educado como un noble, en artes tales como la equitación, la caza o la esgrima, pero mis ayos se preocuparon de que aprendiese además latín, historia, derecho y teología; de esta completísima educación hay recuerdos en el capítulo LXVII de mi Libro de los estados. Aunque en algunas ocasiones me proclamaba lego en mis obras, tal declaración era convencional y obedecía a los topos humilitatis o tópico de la humildad, para compartir la ignorancia de mi público por cortesía pedagógica; en realidad era un sabio de conocimientos enciclopédicos, que dominaba el latín y el italiano, aunque no el griego. Mi religiosidad era de sesgo tomista, vinculada a la orden de Santo Domingo. Literariamente, mi formación incluyó la lectura de diversos poemas del mester de clerecía , los tratados de Raimundo Lulio, la obra de Alfonso X, varios libros doctrinales como la Disciplina clericalis de Pedro Alfonso, y colecciones de sentencias, proverbios y dichos de sabios traducidos de lenguas orientales o del latín al castellano . A los 8 años perdí a mis padres y pude disponer del amplio patrimonio de mi familia; a los 12 años participe en la guerra para repeler el ataque de los moros de Granada a Murcia. En la lucha dinástica mi citada en Castilla a raíz de la muerte de don Fernando de la Cerda, primogénito de Alfonso X el Sabio, me puso siempre del lado de Sancho IV, como también lo había estado mi padre, y el rey correspondió a esta lealtad otorgándole mi protección.
Me case tres veces, eligiendo a mis esposas por conveniencia política y económica y, cuando tuve hijos, me esforcé por emparejarlos con personas pertenecientes a la realeza. La primera de mis esposas fue la infanta de Mallorca doña Isabel, con la que ,me case en 1299; sin embargo falleció dos años más tarde. Al morir Sancho IV, incumplí mi promesa de proteger a la reina regente María de Molina en la minoría de edad del futuro Fernando IV el Emplazado: los agobió con todo tipo de exigencias y me mostré poco fiel, buscando la alianza de Jaime II de Aragón, para lo cual le pidió en 1303 la mano de su hija Constanza, que aún era niña; me case con ella en 1311, cuando ella tenía 12 años. Durante la minoría de edad de Alfonso XI fui corregente del reino hasta que el propio monarca me obligó a dejar el cargo; también en mi reinado dio muestras de su carácter inquieto y levantisco y, viudo, me volví a casar, en terceras nupcias, con doña Blanca Núñez de Lara, volviéndome a enfrentar con el rey Alfonso XI, a quien no quise aportar mis tropas para cercar Gibraltar; tras una nueva reconciliación, volví a encontrar un motivo de queja laboriosamente inventado y acusó al rey de no permitir que su hija Constanza se casara con don Pedro de Portugal, futuro rey con el nombre de Pedro I; recobró la gracia real a tiempo para participar en la importante Batalla del Salado contra los benimerines y en la ulterior conquista de Algeciras.
Obras que se conservan :
De don Juan Manuel se han conservado ocho obras, sabiéndose además que se han perdido cinco. Las obras conservadas son las siguientes:
Crónica abreviada (anterior a 1325).
Libro de la caca (entre 1325 y 1326).
Libro del caballero et del escudero (entre 1326 y 1328).
Libro de los estados (1330).
Libro del conde Lucanor (1335).
Tratado de la Asunción de la Virgen María (posterior a 1335).
Libro de las armas (posterior a 1337).
Libro de castigos et de consejos (Libro infinito o Libro enfaenado; entre 1336 y 1337).
Sepultura :
Después de su defunción en la ciudad de Córdoba, el cadáver de Don Juan Manuel fue trasladado a la Villa de Peñafiel, donde recibió sepultura en el convento de San Pablo, que el propio escritor había fundado en 1318.
Urna de piedra donde reposan los restos de Don Juan Manuel. Convento de San Pablo de Peñafiel.
No obstante, durante la Guerra de la Independencia el convento de San Pablo de Peñafiel fue profanado y saqueado por las tropas francesas, y la tumba que contenía los restos de Don Juan Manuel también fue profanada.
No obstante, en 1955 fue hallada una caja de madera en el lado de la Epístola de la iglesia del convento de San Pablo en la que aparecieron unos restos humanos, que fueron identificados por diversos historiadores como los restos de Don Juan Manuel, pues al limpiar el muro de piedra apareció, oculta bajo una espesa capa de yeso la siguiente inscripción:4
Aquí yace el ilustre señor don Juan Manuel, hijo del muy ilustre señor infante don Manuel y de la muy esclarecida señora doña Beatriz de Saboya, duque de Peñafiel, marqués de Villena, abuelo del muy poderoso rey y señor de Castilla y León don Juan I, de éste nombre. Finó en la ciudad de Córdoba el año del nacimiento de Nuestro Salvador de 1362.
Realizado por : Daniel Carrasco Fuentes.
Rafael Alberti
Yo era un Poeta dramaturgo español, nací en El Puerto de Santa María
(Cádiz). Inicialmente me dediqué a la pintura. Me trasladé a Madrid con mi
familia. En 1924 se me concedió el Premio Nacional de Literatura por el primer libro que publiqué, Marinero en tierra.
Posteriormente me afilié al Partido Comunista español, y publiqué
hasta 1937. Posteriormente, y dentro de la misma línea de carácter surrealista y político, escribí obras teatrales y entre las más conocidas se encuentran El adefesio (1944). La nota que hay que destacar sobre mí es mi afición taurina, que me ha llevado a realizar carteles taurinos y escribir muchos poemas taurino.
Entre la poesía no política posterior a 1939, destacan
Entre el clavel y la espada, de 1941, y A la pintura, de 1948, un
brillante intento de describir un arte en términos de otro. En
Retornos de lo vivo lejano, de 1952, y Baladas y Canciones del Paraná.
Posteriomente a mi regreso a España, acabé de descartar el libro de
carácter erótico Canciones para Altair, publicado en 1989. He recibido muchos premios y reconocimientos, entre ellos el Premio Lenin de la Paz, en 1966, y el Premio Cervantes, en 1983. El 28 de octubre de 1999 fallecí siendo el y último exponente de la generación del 27 y figura clave de la poesía española de todos los tiempos. Un paro cardio respiratorio fue la causa de mi muerte, cuando cuando me encontraba en mi casa del Puerto de Santa María, en Cádiz, en la misma ciudad que nací hace 96 años.
Jorge manrique
Me llamo: Jorge Manrique de Lara nací en Paredes de Nava (Palencia), aunque también cabe la posibilidad de que naciera en Segura de la Sierra (Jaén), cabeza de la encomienda que administraba el maestre Rodrigo Manrique, mi padre, y principal estancia de los Manrique. También se suele afirmar que nací entre la segunda mitad de 1439 y la primera de 1440, pero lo único cierto es que no nací antes de 1432, cuando quedó concertado el matrimonio de mis padres
Mi padre, Rodrigo Manrique, Conde de Paredes de Nava, que era maestre de la Orden de Santiago (aunque nunca fue oficialmente reconocido como tal), fue uno de los hombres más poderosos de su época y murió víctima de un cáncer que le desfiguró el rostro en 1476. Mi abuela murió cuando yo era un niño. Estudió Humanidades y las tareas propias de militar castellano.
Los 24 años participe en los combates del asedio al castillo de Montizón (Villamanrique, Ciudad Real), donde gane fama y prestigio como guerrero. Mi lema era «Ni miento ni me arrepiento». Permanecí un tiempo preso en Baza (Granada), donde murió mi hermano Rodrigo, tras su entrada militar en la ciudad para ayudar a sus aliados, los Benavides, frente a los delegados regios (el conde de Cabra y el mariscal de Baena). Me enrolé después con las tropas del bando de Isabel y Fernando en la guerra contra los partidarios de Juana la Beltraneja. Como teniente de la reina en Ciudad Real, junto a mi padre don Rodrigo.
Mi obra poética no es extensa, apenas unas 40 composiciones. Se suele clasificar en tres grupos: amoroso, burlesco y doctrinal. Son, en general, obras satíricas y amorosas convencionales dentro de los cánones de la poesía cancioneril de la época, todavía bajo influencia provenzal, con un tono de galantería erótica velada por medio de finas alegorías. Sin embargo, entre toda ella, destacan de forma señera por unir tradición y originalidad las Coplas por la muerte de mi padre.
Los recursos métricos de mi poesía prefieren las formas pequeñas y preciosistas frente a las vastas composiciones denominadas decires. Las limito al uso reiterado de la canción trovadoresca, la copla real, la copla castellana, la copla de pie quebrado (de la que fue inventor su tío, el también gran poeta Gómez Manrique), la esparza (una sola estrofa que condensa un pensamiento artísticamente expresado) y la copla de arte menor Mi estilo anuncia la claridad y el equilibrio renacentistas, y la expresión es llana y serena, acompañada de símiles, como es propio del sermo humilis o estilo humilde, el natural y común de la literatura didáctica. Hay incluso vulgarismos, que dan un aire de sencillez y sobriedad, y que los hace encajar perfectamente en las técnicas retóricas y juegos de palabras típicos de los poetas cuatrocentistas.
Las dos composiciones dedicadas a mi mujer deben ser de la época de mi matrimonio, hacia 1470; las Coplas, del verano de 1477; las Coplas póstumas serán, según la rúbrica que las acompaña, de poco antes de mi muerte y la Pregunta a Guevara, de hacia 1465.
Uno de mis poemas favoritos son:
ESPARZAS
Yo callé males sufriendo,
y sofrí penas callando;
padecí no mereciendo,
y merecí padeciendo
los bienes que no demando:
si el esfuerzo que he tenido
para callar y sofrir,
tuviera para decir,
no sintiera mi vevir
los dolores que ha sentido.
2
Pensando, señora, en vos,
vi en el cielo una cometa:
es señal que manda Dios
que pierda miedo y cometa
a declarar el deseo
que mi voluntad desea,
porque jamás no me vea
vencido como me veo
en esta fuerte pelea
que yo conmigo peleo.
3
Callé por mucho temor;
temo por mucho callar,
que la vida perderé;
así con tan gran amor
no puedo, triste, pensar
qué remedio me daré.
Porque alguna vez hablé,
halléme de ello tan mal,
que, sin duda, más valiera
callar, mas también callé
y pené tan desigual,
que, más callando, murier
Trabajo de Natalia
Yo Gaspar Melchor de Jovellanos, me bautizaron como Baltasar Melchor Gaspar María de JoveLlanos y Ramírez soy un escritor, jurista político ilustrado español.
Nací en el seno de una familia noble de Gijón, aunque sin fortuna. Tras cursar mis primeros estudios en Gijón, en 1757 me marche a Oviedo para estudiar Filosofía en la Universidad. En 1760, bajo la protección del obispo local, parte hacia Ávila para realizar estudios eclesiásticos. En 1761 me gradué en bachiller en Cánones (Derecho canónico), obtení la licenciatura en la Universidad de Ávila en 1963. En 1764 fui becado en el Colegio mayor de San Idelfonso de la Universidad de Alcalá , para seguir mis estudios eclesiásticos, graduándome de bachiller en Cánones. Allí conocí a Cadalso y Campomanes.
En 1778 conseguí el traslado a la Sala de alcaldes de Casa y Cortes en Madrid, en parte gracias a la influencia del duque de Alba, a quien traté en Sevilla. En Madrid entré en la tertulia de Campomanes, a la sazón fiscal del Consejo de Castilla, el cual me encomienda distintos trabajos que le satisfacen especialmente, reconocieron un hombre de amplia formación y reconocida solvencia en el terreno económico. En 1780 accedí al Consejo de Órdenes Militares. En 1782 formé parte de la comisión que se puso en marcha . Fui miembro de la junta de comercio de la Sociedad y, desde diciembre de 1784, mi director redacta diversos estudios sobre la economía de España, entre los que tiene singular valor el Informe sobre la Ley Agraria en la que aboga por la liberalización del suelo, recogiendo el pensamiento liberal, norma sobre la que el había volcado sus esperanzas para reformar y modernizar el agro peninsular.
Tras la caída de mi amigo Francisco de Cabarrús, me vi obligado a marchar de la Corte, desterrado, me establecí en mi ciudad natal en 1790, donde redacté un Informe sobre espectáculos que le había encargado la País Vasco y viajé por Asturias, Cantabria para conocer la situación de las minas de carbón y las perspectivas de su consumo. Yo ya había mostrado favorable al aumento de la producción, para lo cual era preciso liberalizar la explotación de mineral. Tras mis viajes mineros presenté nueve informes con los resultados de su comisión y conseguí liberalizarme parcialmente de la explotación de carbón en 1793.
Tras mi alianza con la Francia revolucionaria, Manuel Godoy pretendía realizar ciertas reformas y contar con los más importantes de los ilustrados, por lo que me ofreció el puesto de embajador en Rusia que rechacé. Sin embargo, el 10 de noviembre de 1797 acepté el puesto de ministro de Gracia desde el que intento reformar la justicia y disminuir la influencia de la Inquisición, pero tras nueve meses en el gobierno cesé el 16 de agosto de 1798 y volví a Gijón. Allí proyecté la creación de una Academia Asturiana que tendría como función el estudio de la historia y de la lengua y literatura, y elaboré 200 fichas de léxico del asturiano.
Cultivé varios géneros literarios como poesía y teatro pero mis escritos principales fueron ensayos de economía , política ,agricultura , filosofía y costumbres; desde el espíritu reformador del Despotismo Ilustrado . Entre ellas destacaron el Informe sobre la ley agraria que escribí en una primera versión en 1784 pero que no envié hasta 1787 a la Sociedad Económica Matritense, quien la remitió al y que se publicó en 1795. En ella me muestro partidario de eliminar los obstáculos a la libre iniciativa, que dividí en tres clases: políticos, morales y físicos. Entre ellos estaban los baldíos, la , la fiscalidad, la falta de conocimientos útiles de los propietarios y labradores, las malas comunicaciones y la falta de regadíos, canales y puertos. Para corregir esta situación propuse que los baldíos y montes comunales pasaran a propiedad privada, disolver la Mesta, cercar las fincas, y que los arrendamientos estuvieran basados en el pacto libre entre los colonos y los propietarios, además de la limitación de los mayorazgos y la supresión de la amortización eclesiástica o de la eliminación de las trabas sobre los agricultores, además de la reforma de los impuestos. A esto habría que añadir la reforma de la enseñanza, para hacerla más práctico, dándole más importancia a las materias científicas, y la inversión del Estado en obras públicas. Estas medidas crearían las condiciones para la constitución de un mercado de tierras, un aumento de la producción y la creación de un mercado nacional unificado que posibilitarían que aumentara la población y su nivel de vida, lo que serviría de base para el inicio de la industrialización.
Nací en el seno de una familia noble de Gijón, aunque sin fortuna. Tras cursar mis primeros estudios en Gijón, en 1757 me marche a Oviedo para estudiar Filosofía en la Universidad. En 1760, bajo la protección del obispo local, parte hacia Ávila para realizar estudios eclesiásticos. En 1761 me gradué en bachiller en Cánones (Derecho canónico), obtení la licenciatura en la Universidad de Ávila en 1963. En 1764 fui becado en el Colegio mayor de San Idelfonso de la Universidad de Alcalá , para seguir mis estudios eclesiásticos, graduándome de bachiller en Cánones. Allí conocí a Cadalso y Campomanes.
En 1778 conseguí el traslado a la Sala de alcaldes de Casa y Cortes en Madrid, en parte gracias a la influencia del duque de Alba, a quien traté en Sevilla. En Madrid entré en la tertulia de Campomanes, a la sazón fiscal del Consejo de Castilla, el cual me encomienda distintos trabajos que le satisfacen especialmente, reconocieron un hombre de amplia formación y reconocida solvencia en el terreno económico. En 1780 accedí al Consejo de Órdenes Militares. En 1782 formé parte de la comisión que se puso en marcha . Fui miembro de la junta de comercio de la Sociedad y, desde diciembre de 1784, mi director redacta diversos estudios sobre la economía de España, entre los que tiene singular valor el Informe sobre la Ley Agraria en la que aboga por la liberalización del suelo, recogiendo el pensamiento liberal, norma sobre la que el había volcado sus esperanzas para reformar y modernizar el agro peninsular.
Tras la caída de mi amigo Francisco de Cabarrús, me vi obligado a marchar de la Corte, desterrado, me establecí en mi ciudad natal en 1790, donde redacté un Informe sobre espectáculos que le había encargado la País Vasco y viajé por Asturias, Cantabria para conocer la situación de las minas de carbón y las perspectivas de su consumo. Yo ya había mostrado favorable al aumento de la producción, para lo cual era preciso liberalizar la explotación de mineral. Tras mis viajes mineros presenté nueve informes con los resultados de su comisión y conseguí liberalizarme parcialmente de la explotación de carbón en 1793.
Tras mi alianza con la Francia revolucionaria, Manuel Godoy pretendía realizar ciertas reformas y contar con los más importantes de los ilustrados, por lo que me ofreció el puesto de embajador en Rusia que rechacé. Sin embargo, el 10 de noviembre de 1797 acepté el puesto de ministro de Gracia desde el que intento reformar la justicia y disminuir la influencia de la Inquisición, pero tras nueve meses en el gobierno cesé el 16 de agosto de 1798 y volví a Gijón. Allí proyecté la creación de una Academia Asturiana que tendría como función el estudio de la historia y de la lengua y literatura, y elaboré 200 fichas de léxico del asturiano.
Cultivé varios géneros literarios como poesía y teatro pero mis escritos principales fueron ensayos de economía , política ,agricultura , filosofía y costumbres; desde el espíritu reformador del Despotismo Ilustrado . Entre ellas destacaron el Informe sobre la ley agraria que escribí en una primera versión en 1784 pero que no envié hasta 1787 a la Sociedad Económica Matritense, quien la remitió al y que se publicó en 1795. En ella me muestro partidario de eliminar los obstáculos a la libre iniciativa, que dividí en tres clases: políticos, morales y físicos. Entre ellos estaban los baldíos, la , la fiscalidad, la falta de conocimientos útiles de los propietarios y labradores, las malas comunicaciones y la falta de regadíos, canales y puertos. Para corregir esta situación propuse que los baldíos y montes comunales pasaran a propiedad privada, disolver la Mesta, cercar las fincas, y que los arrendamientos estuvieran basados en el pacto libre entre los colonos y los propietarios, además de la limitación de los mayorazgos y la supresión de la amortización eclesiástica o de la eliminación de las trabas sobre los agricultores, además de la reforma de los impuestos. A esto habría que añadir la reforma de la enseñanza, para hacerla más práctico, dándole más importancia a las materias científicas, y la inversión del Estado en obras públicas. Estas medidas crearían las condiciones para la constitución de un mercado de tierras, un aumento de la producción y la creación de un mercado nacional unificado que posibilitarían que aumentara la población y su nivel de vida, lo que serviría de base para el inicio de la industrialización.
CARTAS PARA GEMA
Aquí es donde debéis escribir las cartas para Gema. ¡Cuidado con la redacción y las faltas de ortografía! Y también de mi parte...¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!
martes, 13 de diciembre de 2011
Jose CAdalso
José Cadalso
Yo José Cadalso y Vázquez de Andrade (Cádiz, 8 de octubre de 1741 – San Roque (Cádiz), 26 de febrero de 1782) fui un literato y militar español.
Mi vida se conoce no ya únicamente a través de documentos y testimonios de mis contemporáneos, sino, de un modo más valioso, por la visión que yo mismo ofrezco en mi Memoria de los acontecimientos más particulares de mi vida y de las cartas conservadas (1773–1780).
Mi familia procedía por línea paterna del señorío de Vizcaya. Mi madre murió a consecuencia de mi parto, y mi padre, ausente por negocios en América, iba a tardar casi trece años en conocerme. Tuvo que encargarse de mi educación un tío jesuita, el padre Mateo Vázquez. Él fue quien me envió a estudiar a Francia. Vuelto mi padre de Indias, desembarcó en España y se dirigió a París a conocerme. Y ansioso siempre de nuevos ambientes, se fue después a Inglaterra, donde tanto se entusiasmó, que me llamó para vivir con él en Londres. También viajé por Italia y Alemania, cuyos idiomas, igual que el latín y el inglés, dominaba. Tras otro año de estancia en París, pasando por Holanda, regresé por fin a España , recibiendo una impresión muy negativa de un país que no había apenas conocido en contraste con mi experiencia europea; ello marcó fuertemente la índole de mis posteriores Cartas marruecas.
Sufrí una tremenda depresión pero sin duda me sirvieron, si no de consuelo, de distracción, mis contactos con los salones y los círculos literarios madrileños, sobre todo con la famosa tertulia de la Fonda de San Sebastián, de la que eran asiduos mis amigos Nicolás Fernández de Moratín y Tomás de Iriarte.
Terminé las Cartas marruecas durante mi breve estancia en Salamanca (1773–1774). Fue un corto periodo, pero suficiente para que se formara en torno a mi círculo de amistad y de convivencia literaria. Allí, además de mi afectuosa relación con fray Diego González, y con Juan Pablo Forner, a quien incliné definitivamente hacia la literatura, estreché gran amistad con León de Arroyal y sobre todo con dos jóvenes poetas, el salmantino José Iglesias de la Casa y el extremeño, estudiante en la Universidad de Salamanca, Juan Meléndez Valdés. Sobre ellos ejercí una sugestiva influencia humana y literaria. En 1777 fui ascendido a comandante de escuadrón. Dos años más tarde participé en el asedio de Gibraltar (que duraría hasta 1783) y fui ascendido a coronel en 1781. Sin embargo muero, el 27 de febrero de 1782, tras recibir el impacto en la sien de un casco de metralla o granada. Tenía sólo cuarenta años y apenas hacía un mes que me había sido conferido el grado de coronel. Mi tumba se encuentra en la Iglesia Parroquial Santa María La Coronada en la Ciudad de San Roque.
Desde entonces se fraguó mi leyenda de enamorado, cuya más acabada expresión es el drama romántico de Patricio de la Escosura Las noches lúgubres, protagonizado por el poeta gaditano y cuyo manuscrito dejé inédito en manos de Echegaray y se conserva en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.
Yo José Cadalso y Vázquez de Andrade (Cádiz, 8 de octubre de 1741 – San Roque (Cádiz), 26 de febrero de 1782) fui un literato y militar español.
Mi vida se conoce no ya únicamente a través de documentos y testimonios de mis contemporáneos, sino, de un modo más valioso, por la visión que yo mismo ofrezco en mi Memoria de los acontecimientos más particulares de mi vida y de las cartas conservadas (1773–1780).
Mi familia procedía por línea paterna del señorío de Vizcaya. Mi madre murió a consecuencia de mi parto, y mi padre, ausente por negocios en América, iba a tardar casi trece años en conocerme. Tuvo que encargarse de mi educación un tío jesuita, el padre Mateo Vázquez. Él fue quien me envió a estudiar a Francia. Vuelto mi padre de Indias, desembarcó en España y se dirigió a París a conocerme. Y ansioso siempre de nuevos ambientes, se fue después a Inglaterra, donde tanto se entusiasmó, que me llamó para vivir con él en Londres. También viajé por Italia y Alemania, cuyos idiomas, igual que el latín y el inglés, dominaba. Tras otro año de estancia en París, pasando por Holanda, regresé por fin a España , recibiendo una impresión muy negativa de un país que no había apenas conocido en contraste con mi experiencia europea; ello marcó fuertemente la índole de mis posteriores Cartas marruecas.
Sufrí una tremenda depresión pero sin duda me sirvieron, si no de consuelo, de distracción, mis contactos con los salones y los círculos literarios madrileños, sobre todo con la famosa tertulia de la Fonda de San Sebastián, de la que eran asiduos mis amigos Nicolás Fernández de Moratín y Tomás de Iriarte.
Terminé las Cartas marruecas durante mi breve estancia en Salamanca (1773–1774). Fue un corto periodo, pero suficiente para que se formara en torno a mi círculo de amistad y de convivencia literaria. Allí, además de mi afectuosa relación con fray Diego González, y con Juan Pablo Forner, a quien incliné definitivamente hacia la literatura, estreché gran amistad con León de Arroyal y sobre todo con dos jóvenes poetas, el salmantino José Iglesias de la Casa y el extremeño, estudiante en la Universidad de Salamanca, Juan Meléndez Valdés. Sobre ellos ejercí una sugestiva influencia humana y literaria. En 1777 fui ascendido a comandante de escuadrón. Dos años más tarde participé en el asedio de Gibraltar (que duraría hasta 1783) y fui ascendido a coronel en 1781. Sin embargo muero, el 27 de febrero de 1782, tras recibir el impacto en la sien de un casco de metralla o granada. Tenía sólo cuarenta años y apenas hacía un mes que me había sido conferido el grado de coronel. Mi tumba se encuentra en la Iglesia Parroquial Santa María La Coronada en la Ciudad de San Roque.
Desde entonces se fraguó mi leyenda de enamorado, cuya más acabada expresión es el drama romántico de Patricio de la Escosura Las noches lúgubres, protagonizado por el poeta gaditano y cuyo manuscrito dejé inédito en manos de Echegaray y se conserva en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.
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